EFEMÉRIDES – ¡FELIZ CARNAVAL!

El año pasado, cuando arrancamos con estos envíos de efemérides, elegimos abordar el Carnaval desde una mirada general, aunque nacional. En esta ocasión, vamos a agudizar aún más la mirada y nos vamos a focalizar en el “Carnaval Porteño”, el que tenemos más a mano.

Salta a la vista que la forma porteña de festejar el Carnaval no tiene casi ninguna similitud con la brasileña (con su zamba, comparsas y brillos), la veneciana (con sus máscaras y desfiles de disfraces barrocos) o la boliviana (con todo su condimento folklórico, étnico y religioso, principalmente en Oruro). Nuestro Carnaval está atravesado y definido por la “murga porteña”. Empecemos por ahí:

A finales del siglo XIX, las murgas porteñas nacieron influenciadas por ritmos africanos mezclados con españoles. Adoptaron el bombo con platillos como su sonido favorito y distintivo. La forma de organización, desde sus inicios, estuvo determinada por la pertenencia barrial y su espacio predilecto fueron las calles. La composición de estas agrupaciones se podría resumir en un cuerpo de baile (con diferentes roles entre sus integrantes), el escenario (músicos y cantantes) y la percusión (bombos y redoblantes). La indumentaria elegida son levitas coloridas (cada murga define los colores que la identifican, como los clubes de fútbol), brillantes, con apliques de lentejuelas y galeras que vienen a emular, con sarcasmo, la vestimenta de la antigua aristocracia local. La estructura del espectáculo que ofrecen cuenta con momentos bien definidos: la llegada y/o presentación, la crítica, el saludo y la retirada. Las letras de las canciones funcionan como una forma de resistencia y parodia social.

Con toda esta información, no nos costará entender que la murga porteña fue desde su origen una de las formas que encontramos para expresar las tensiones de clase, las étnicas, las sociales en una Argentina profundamente dividida y en conflicto. Claramente, el Carnaval es un momento ideal -por la crisis de identidad que propone, por las máscaras, por los disfraces- para que ricos/as, pobres, argentinos/as, extranjeros/as, blancos/as, negros/as se acerquen, se mezclen, rompan los límites sociales, se burlen de las jerarquías y compartan tiempo, espacio, cuerpos y alegría. 

Cerramos compartiendo producciones de una murga de nuestro barrio. Elegimos a “Atrevidos por costumbre” porque nos gusta y porque cuenta con una larga y prestigiosa tradición en los corsos porteños. Palermo es un barrio con una gran cantidad de murgas y todas son muy interesantes. Los/as invitamos a investigarlas. Hoy elegimos las siguientes canciones;

  • Atrevidos por costumbre: “Oro y plata”: el “Gallego” Ruben Espiño, a partir de la reescritura de la milonga/candombe de Charlo y Homero Manzi, produjo una de las obras murgueras que más nos gustan. Escuchen la letra y disfruten de versos como “ría que ría, el barrio se pone al día, la rabia se hace alegría, al ritmo de su canción”.
  • Atrevidos por costumbre: “Volviendo a Palermo” – Retirada – (Penas, 2009): El “Flaco” Juan Penas reescribió el vals “Bajo un cielo de estrellas” (música: Stamponi-Francini, letra: Contursi) y generó otro indispensable de los carnavales porteños. En esta versión, la voz la pone Soledad Gutierrez. 
  • Atrevidos por costumbre: “Corso loco” – Retirada – (Oscar «Oski» Guzmán, 2008). Intervención sobre la clásica “Balada para un loco” (música: Piazzola, letra: Ferrer). Imperdible, para escuchar sin parar. 
  • Atrevidos por costumbre: “Porque soy murguero” – Crítica – En 1995, ya cantaban a los gritos: “Porque soy murguero yo me siento bien y no me disfrazo de mediocridad, gracias a la murga se puede aprender que esto es cualquier cosa menos libertad”. En esos versos se puede comprender toda la lectura crítica que las murgas porteñas realizan de la realidad nacional. 

¡Feliz carnaval para todos/as! ¡Salud!

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